JUAN IGNACIO LARRAZ,Decano COGITIAR

JUAN IGNACIO LARRAZ,Decano COGITIAR

2018-07-19T12:34:43+00:0019 julio , 2018|

“Nuestros retos son el pleno empleo y estar actualizados al segundo, pero también abrir los ojos en el mundo empresarial y el del trabajo”

El Colegio Oficial de Graduados en Ingeniería de la rama industrial, Ingenieros Técnicos Industriales y Peritos Industriales de Aragón (COGITIAR) tiene su sede central en Zaragoza y cuenta actualmente con casi 5.000 colegiados, situándose así como el tercero de su rama en España.

El COGITIAR lleva ya más de 100 años trabajando para velar por las buenas condiciones de los graduados en Ingeniería de la rama industrial y estudios afines precedentes y ayudando a sus colegiados en todo lo referente a su profesión, búsqueda de empleo, formación y otras muchas cuestiones relacionadas con el correcto desempeño de su trabajo.

Este es un Colegio Oficial de Aragón que es el tercero de su rama en España, solo por detrás del de Madrid y Barcelona. ¿Cuál cree que es el motivo de tan alto volumen de profesionales de este sector en nuestra comunidad?

Zaragoza en sí es una potencia económica dentro de España, y a eso tenemos que sumar Huesca y Teruel. Sería una arrogancia decir que es por las actividades colegiales, pero tampoco me resisto a decir que trabajamos mucho dentro del Colegio, donde tenemos un gran equipo profesional. Nos esforzamos mucho en pro de los profesionales y de los futuros profesionales y, hoy, estamos principalmente centrados en la formación y en buscar empleo a los colegiados.

¿Qué servicios ofrece el COGITIAR a los colegiados?

Antes que nada, tenemos que hablar de los objetivos de un Colegio: la defensa de las atribuciones profesionales, el ordenamiento del ejercicio, la lucha por el reconocimiento y prestigio de nuestra titulación universitaria y conseguir cualificaciones reconocidas por las administraciones.

Dicho esto, la formación y la bolsa de empleo son nuestros principales servicios. Dentro de la bolsa de trabajo, hemos puesto en marcha un programa titulado ‘Ningún ingeniero sin empleo’. En él, nuestro equipo de recursos humanos tiene como labores principales contactar y visitar a las empresas de Aragón para acercar las ofertas de empleo, realizar entrevistas a todos los colegiados que estén interesados en la bolsa, analizar los perfiles y manejar la base de datos con las características de cada colegiado, ayudar a mejorar su CV y cartas de presentación…

También está teniendo un gran resultado la plataforma ‘Ingeniero en red’, que sirve para la búsqueda y mejora de empleo. Es una iniciativa que surge aquí en Aragón en colaboración con el Colegio Oficial de Graduados de Ingeniería de la rama industrial e Ingenieros Técnicos Industriales de Navarra para que nuestros colegiados, 8.000 entre los dos Colegios, puedan tener una red más amplia de ofertas de empleo y, por tanto, más oportunidades. Al día de hoy, ya gestionamos desde ahí más de 80 ofertas de trabajo

¿Y qué hay de la formación?

En formación tenemos cursos online, a través de la plataforma del Consejo General, y aquí, en el COGITIAR, cursos presenciales que van desde las 20 horas hasta las 200. Y están subvencionados por el colegio. Ofrecemos también cursos de idiomas, pues hoy, sin inglés, un ingeniero se tiene que quedar en casa.

Además de la formación y los servicios de empleo, eximimos de cuotas colegiales a los que no tienen trabajo, realizamos jornadas técnicas, publicaciones periódicas, convenios con entidades

privadas, asesoramiento jurídico, fiscal, laboral y técnico y gestionamos la acreditación DPC (Desarrollo Profesional Continuo), que se solicita en muchos procesos de selección.

De todos esos servicios, ¿cuáles son los más demandados?

Los de empleo, sin duda.

La tendencia del mercado laboral, ¿favorece que esta carrera siga estando en el ‘top’ de los perfiles profesionales más demandados y con mayor empleabilidad?

Está claro que sí. Hace unos días me comentaban desde el Colegio de Navarra que allí tienen más de 50 plazas de empleo sin cubrir porque, o bien no hay perfiles para cubrir esos puestos, o bien existe el pleno empleo de los profesionales. A eso es a lo que queremos tender aquí y estamos, poco a poco, más cerca de conseguirlo. Otro tema tener en cuenta es la insatisfacción del empleo que se tiene, que también existe. En ese caso, la persona va a tender a cambiar de trabajo.

Por nuestra parte, tenemos mucha demanda de perfiles jóvenes por parte de las empresas. Y se puede decir que programamos cursos de formación a medida de los empleos que ofertan las entidades. Si visitamos a una compañía y nos dice lo que necesita, nosotros podemos organizar esos cursos para cubrir las necesidades.

¿De qué manera ha afectado la implantación del Plan Bolonia a los estudios de Grado de Ingeniería Industrial?

Ese ha sido el espaldarazo a la salida de nuestros ingenieros al extranjero. Siempre han salido, pero tenían un hándicap, que era que las titulaciones españolas como ingeniero técnico son algo español, no algo reconocido en el resto del mundo. Al entrar en la denominación genérica de Bolonia se es graduado en ingeniería de una determinada rama, máster en algo concreto…

En España estamos intentando ordenar esa situación para conseguir que Bolonia se establezca de forma real y absoluta. Graduado es una carrera terminal, que sirve para trabajar; máster es una profundización en la materia.

Eso lo entiende muy bien Europa y Bolonia ha venido a unificarlo. Es decir, que a nivel occidental (Estados Unidos, Europa, Japón), ahora se reconocen las titulaciones españolas de una forma que antes no se hacía.

Entonces, ¿con Bolonia no es necesario cursar un máster para ejercer? Parece que hay cierta confusión en la sociedad al respecto.

La confusión está ahí y es un error sembrado, incluso, por algunos profesores. La titulación de graduado es terminal, sirve para trabajar. Si además se quiere profundizar, por ejemplo, en fundición, entonces sí que se debe estudiar el máster correspondiente. Pero la carrera universitaria de graduado habilita, por sí misma, para ejercer. En la función pública y en las oposiciones, además, para exigir un máster, hay que explicar el porqué.

¿Cómo ha evolucionado el perfil y las funciones de los ingenieros técnicos industriales en los últimos años, teniendo en cuenta los rápidos avances tecnológicos que se dan en nuestra sociedad?

Una pequeña aclaración: nosotros somos graduados en Ingeniería de la rama industrial. ¿La evolución? Para un perito industrial como yo, hablar de industria 4.0 era algo impensable. Esa es la evolución. Y han cambiado muchas cosas, pero saber electricidad y mecánica a lo clásico es, en el fondo, saber de física y de química. Eso es la troncalidad de las carreras y lo que no debe variar. El ingeniero debe tener los conocimientos suficientes para entender lo que desarrolla el científico y, después, asumirlo, hacerlo suyo y tangible, porque no hay ingeniería sin experiencia.

Más allá de eso, lo que cambia después son las perspectivas y las aplicaciones. Sin ir más lejos, los medios audiovisuales y la cibernética están ya por encima de todo lo clásico. ¿Quién podía hablar de los drones hace un tiempo? Por eso es tan importante la formación permanente. Y hay que decir que la Universidad se está adaptando muy bien; en concreto, las escuelas de Zaragoza, Huesca y La Almunia de Doña Godina lo están haciendo fenomenal, son punteras y están muy prestigiadas.

El COGITIAR cuenta ya con un siglo de historia, ¿con qué balance del Colegio y de la evolución de la profesión del ingeniero técnico industrial?

Una profesión no nace hecha, se perfila y va tomando forma según las necesidades que la sociedad demanda. Hoy demanda otras cosas distintas a las de hace unas décadas. Nuestra profesión en sí no tiene 100 años, sino 167, pues fue entonces cuando empezó a germinar nuestra actual carrera. Hace 122 años que nació la Escuela de Zaragoza y, eso sí, un siglo de nuestra asociación, cuya fundación hemos conmemorado en 2017 y que fue lo que dio origen al Colegio profesional actual.

Y, claro, la evolución de la profesión va también de la mano de la evolución del Colegio. Primero agrupaba a peritos industriales; después, a ingenieros técnicos industriales y, ahora, a graduados en ingeniería de la rama industrial. Todo eso conlleva asignaturas y conocimientos que nosotros ni sospechábamos, como la prevención de riesgos laborales o la prevención de incendios. Se estudiaban entonces la física y la química, que te hacían comprender todo eso, pero no se cursaban como tal. Hay que ir en sintonía con la sociedad y, en los últimos 30 años, la evolución ha sido increíble.

¿Cuáles son los retos en el futuro más próximo?

Yo diría que tanto las instituciones como los Colegios estamos para ayudar, pero los retos son absolutamente individuales. Nuestros retos contemplan, claro, la búsqueda del pleno empleo y estar actualizados al segundo, pero también queremos abrir los ojos en el mundo empresarial y el del trabajo. Porque cuando se acaba una carrera se saben muchas cosas, pero luego hay que aprender a llevarlas a la práctica. Y hay que tener siempre mucha humildad. Un ingeniero puede tener dos posiciones, puede llegar a una fábrica y decir, ‘dónde está mi despacho’ o puede preguntar ‘qué hay que hacer’. La actitud es muy importante.

Además, un reto general sería lograr que todas las ingenierías hicieran una causa común en la progresión de la profesión a todos los niveles.